En el siglo XIX, científicos europeos investigaron los microorganismos presentes en el agua y las enfermedades que producían en el ser humano. Esto alarmó a las autoridades encargadas de velar por la salud, quienes se preocuparon por purificar el agua que bebían los habitantes del Viejo Continente.
Con el crecimiento de las ciudades, los pobladores comenzaron a utilizar los ríos (junto a los cuales habían vivido), no sólo para abastecerse de agua y alimento, sino también para deshacerse de los desperdicios domésticos. También las industrias vaciaron sus residuos en los ríos, aumentando la contaminación del agua y el peligro para la salud.
Cuando miramos la superficie de un río o un lago, notamos como viajan de un lado a otro, peces, semillas y plantas. Estos pasajeros los podemos ver a simple vista. Pero existen otros tan pequeños que son visibles sólo a través de un microscopio. Estos son los virus , las bacterias y los parásitos. El agua contaminada sirve de vehículo en la transmisión de numerosas enfermedades, entre las que podemos mencionar: el cólera y la fiebre tifoidea causadas por bacterias; la hepatitis infecciosa , causada por virus; y la disentería amibiana , causada por parásitos. |